Científicos estadounidenses han analizado las bajas temperaturas diarias y las tasas de infección en 50 países del hemisferio norte para cuantificar su efecto en la transmisión del SARS-CoV-2, y han observado que cuánto más baja es la temperatura, mayor es la transmisión.

El SARS-CoV-2 pertenece a una gran familia de coronavirus humanos, la mayoría de los cuales se caracterizan por una mayor transmisión en los meses más fríos y menos húmedos y una menor transmisión en los meses más cálidos y húmedos.

La investigación fue llevada a cabo en el Christina Lee Brown Envirome Institute de la Universidad de Louisville de la Facultad de Medicina de la Universidad John Hopkins, el Centro Conjunto de Inteligencia Artificial del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

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