Un informe de una comisión de especialistas indicó que Perú es el país con la mortalidad más alta del mundo por COVID-19 por “una falla masiva de las instituciones públicas y privadas“, unido a la escasa inversión en salud pública durante las últimas décadas y la alta informalidad laboral.

El documento elaborado para el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Concytec) estableció las causas que llevaron a Perú a ocupar el primer lugar del mundo en mortalidad por COVID-19, al registrar actualmente 585 fallecidos por cada 100.000 habitantes desde el inicio de la pandemia.

Los expertos destacaron la desatención de la sanidad pública durante años, que enseguida se vio desbordada, sin posibilidad de atender a todos los que lo necesitaban, por lo que “muchos fueron librados a su suerte“.

Esta situación desveló en toda su crudeza “una clamorosa falta de médicos, enfermeras, técnicos de salud, camas hospitalarias, Unidades de Cuidados Intensivos (salas UCI), postas médicas, provisión de oxígeno medicinal y medicinas, entre otros equipos médicos para hacer frente a la emergencia sanitaria“.

Asimismo, el informe resaltó “la lenta adquisición de plantas de oxígeno y la demora en la obtención y aplicación de las vacunas“, que no comenzaron a ser aplicadas de manera masiva hasta febrero de 2021, tras el escándalo por la vacunación irregular y secreta de un exclusivo grupo de funcionarios y allegados.

El documento también concluye que la informalidad laboral, que abarca al 70 % de la población económicamente activa, fue la principal causa del fracaso de los confinamientos, “pues tuvieron que salir a trabajar, y traer ingresos para alimentar a sus familias” al carecer de una protección social y un salario fijo.

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