Un estudio controlado en primates ha mostrado una variante que puede parecer evidente, pero de la que no había certeza hasta ahora: la cantidad de virus que contagia a una persona, y la intensidad de los síntomas, tienen una relación de proporcionalidad directa.

Esto puede explicar porque dos personas de edad y condición física similares, afrontan el proceso vírico de formas muy distintas.

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